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Ayeres sin mañanas
horacio pettinicchi
Te levantas un día y ves que no hay mañanas,
te miras al espejo y solo ves ayeres,
ayeres sin mañanas,
solo ayeres.
Y en medio del silencio de éste mundo grúa,
mundo nuestro,
el ladrido de tu cuerpo, que aún cree que puede,
te ensordece.
Afuera, en lo que llaman mundo,
mundo tuyo, mundo muerto,
sigue gobernando la pequeña gente,
los espíritus ajados,
las pías señoras de poesías limpitas,
de rimas sin arrugas,
de misas tempraneras,
las señoras pías,
esas que no saben de poxi ni de merca
ni de ese dios cotidiano con pilchas de loquero,
que electrifica tu cuerpo cada día.
Tu cuerpo,
desbordado,
desnudo,
despojado,
que carga con la cruz de un alma remendada,
la que a veces se aleja,
se ausenta sin aviso, tal ves asustada,
por la lluvia de estrellas,
y luces de colores, que brotan de tu boca,
cuando el dios que te dije
con pilchas de loquero
electrifica tu cuerpo,
desbordado,
desnudo,
despojado…
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